Me sorprende que nadie se haya quejado por el sesgo de género de la primera parte de este artículo. Qué tal yo, hablando mal de hombres feos con ínfulas de churros, con litros de gel en el pelo y actitud de laxante, y ni una sola mención a lo arpías que podemos ser las mujeres.
Decidimos escribir un libro sobre lo que una mujer de 30 tiene, o debería tener, revoloteando por su cartera. Lamentamos si ambas cosas se entremezclan en la lista, pero es que nadie nos ha publicado aun, y estamos procrastinando el fact-checking para tan ansiado y merecido momento.
Los bares no son lugares para levantar algo más que polvo. Eso lo se bien. ¿Entonces qué queda?, pues el trabajo, el gimnasio, cafés, los amigos de amigos, los clubes de lectura, las actividades extracurriculares tipo tuna y voluntariado, y el online dating. Quiero vomitar. Tres veces.

