He decidido decirle a todo que sí a pesar del orgullo, la dignidad, el sueño, la modorra, el frío y la distancia. Porque he entendido, finalmente, que la única persona que puede hacerme el Heimlich Maneuver para no morirme atorada, soy yo.
Por cuenta de esa chabacanería espontánea latina que equivocadamente nos hace sentir orgullosos, nos hemos permitido invadir la privacidad y espacio de los demás, sobre todo el de las mujeres (lo que entendemos también como parte de ese machismo que se niega a abandonarnos). En muchos casos somos reducidas a simple ganado: “¿está buena?”, “¿aguanta?”, “véala, es muy linda para ser ingeniera”, y así.
Los protagonistas: Madame Foqui Foqui y el Galán de Tierra Templada. El lugar: un lavamanos. Porque en Susana y Elvira promovemos la creatividad en la selección de locaciones para el amort. Podcast.
